EL MODO DE COMUNICACIÓN CAPITALISTA

Jesus Becerra Villegas

Sergio Octavio Contreras Padilla
Universidad Autonoma de Zacatecas

Resumen

El documento discute el capitalismo como un modo de relaciones sociales donde prevalecen intereses y prácticas que incluyen pero no se limitan a la economía y la política. Estas relaciones son examinadas como formas de comunicación social vinculadas al ejercicio del poder. En ellas se distingue un modo histórico de apropiación y una formación lógica simbólica. El análisis se centra en los sistemas de comunicación, especialmente medios masivos y redes sociales técnica y culturalmente disponibilizados. Propone como modelos principales el vertical y el horizontal. Afirma que la existencia de esta dualidad en choque constituye el rasgo fundamental en que se materializa el modo de comunicación capitalista actual. Posteriormente describe un par de procesos centrales: los flujos de comunicación y la cultura wiki.

Palabras clave: Comunicación, apropiación, capitalismo, flujos de comunicación, cultura wiki.

 

Abstract

 

The paper discusses capitalism as a mode of social relations dominated by interests and practices that include but are not limited to economics and politics. These relationships are examined as forms of social communication linked to the exercise of power. They unfold in a historical mode of appropriation and a symbolic logical formation. The analysis focuses on communication systems, especially mass media and social networks that have become technically and culturally available. It proposes as main models the vertical and the horizontal. The existence of this clashing duality constitutes the fundamental feature in which the present capitalist mode of communication materializes. Finally, a couple of central processes are described: communication flows and the wiki culture.

Keywords: Communication, appropriation, capitalism, communication flows, wiki culture

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Introducción

 

El presente análisis se basa en la distinción marxista fundamental empleada para caracterizar el capitalismo como un modo de producción entre otros históricamente existentes, y la formación social como su concreción en espacios y tiempos específicos. Sin embargo, se aparta de este recorte al proponer una lectura de los tiempos que corren, mediante dos categorías mayores cuya caracterización y análisis dan lugar a las dos secciones mayores que componen el documento: El Modo lógico de comunicación capitalista y la Formación histórica simbólica de las sociedades en este capitalismo. Es necesario comenzar la discusión con la resolución de la aparente inconsistencia derivada del empleo de los modos de producción como categoría lógica para periodizar la historia de las actividades humanas. Antes, el planteamiento pide una construcción de lo que llamaremos categoría de pensamiento. Este ejercicio es indispensable para establecer el peso de los procesos comunicacionales que, en calidad de formación histórica simbólica, dotan a la comunicación de la centralidad necesaria para leer como efecto suyo lo social de nuestros tiempos y espacios y, no menos importante, para contribuir a la constitución campal de la comunicología.

 

I. Categorías y objetos

 

Llamamos categoría al dispositivo de pensamiento que articula propiedades del objeto de modo tal que lo vuelve inteligible. Se trata de propiedades intrínsecas y relacionales, resultantes de interacciones cruzadas a lo largo del tiempo. Elevar un objeto o un concepto al estatuto de categoría permite observar desde ésta otros objetos y conceptos. Así, la categoría comunicación permite atender los procesos, formas y estructuras comunicacionales, y también tratar como efectos de comunicación aquellos procesos, formas y estructuras que inicialmente no tienen como función el comunicar pero que, siendo leídos desde la categoría comunicación, revelan un sentido que sólo entonces es posible captar. Es por esto que la constitución de una disciplina requiere hacer de su objeto una categoría para pensar (Becerra, 2009), lo que no consiste en el mero acto de redesignación, sino en el esclarecimiento de las propiedades intrínsecas y relacionales antes referidas, para atreverse a leer los procesos propios y conexos como efectos de aquello que ha sido elevado al estatus de categoría. En el caso de los procesos de comunicación, las aportaciones hechas desde diversas ciencias han conducido a un cierto desarrollo de la disciplina, si bien con la designación en plural como Ciencias de la comunicación, que no alude a una condición integral o de maduración multiacadémica. Por el contrario, el término referido exhibe un estado predisciplinario en el que apenas existe un campo de estudios sin disciplina propia aunque con diversas fuentes para su constitución (Galindo, 2011). El que lo sean obedece a que históricamente sus objetos se han entrecruzado con propiedades que también lo son de la comunicación como objeto. Así que la institución de la categoría comunicación beneficia no sólo los estudios propios, sino que correspondientemente retribuye a las ciencias que inicialmente han jugado el papel de alimentadoras. Es esta nueva condición y no otra la evidencia de que la disciplina ha iniciado su proceso de maduración.

            Añadimos que existen categorías transcampales por su carácter más abstracto, útiles para postular y pensar lo concreto. Un par de ellas que requiere el análisis que aquí se introduce, está integrado por categorías que llamamos lo lógico y lo histórico. Se trata de dos órdenes opuestos e inseparables que dan cuenta de un énfasis o modo de articulación del pensamiento para efectos de lectura de lo social. Cada proceso y cada configuración se inscriben en un modo lógico que se ha construido históricamente y contra el cual no pueden ir, por lo que la historia de ellos es al tiempo una historia del curso seguido por distintos estados de las lógicas hasta devenir en la correspondiente al tiempo analizado. Esto es, en los espacios sociales, la lógica tiene una historia tanto como la historia tiene una lógica. La manera que tienen de expresarse en los procesos y configuraciones de cada formación social y en su modo social es a manera de dimensiones, es decir, lo lógico y lo histórico en ellos: orden y devenir, respectivamente. Así, la categoría marxista Modo de producción social se recorta frente a las anteriores y exhibe su carácter de orden devenido. Es esto lo que resuelve una aparente contradicción: la categoría lógica es base para la periodización, ya que la diferencia en modos instaura temporalidades y sucesiones, oposiciones y rupturas sobre una base comparable. No obstante su peso en la definición de lo histórico, un modo de producción es, pues, un dispositivo de lo lógico en tanto forma general que faculta los procesos concretos y los hilvana en un sentido. Dichos procesos son identificados por Marx (1986) en la dimensión que recoge la categoría Formación social, que alude a las configuraciones específicas temporales y espaciales, donde ocurren los hechos de una sociedad dada.

            Ahora bien, el planteamiento de un Modo de comunicación capitalista requiere partir de la caracterización del modo de producción capitalista como un arreglo lógico,  históricamente situado en torno a un principio de acción social que es, según nuestra propuesta, la voluntad de apropiación. El marxismo ha propuesto como mecanismo base del desenvolvimiento del modo capitalista la acumulación del capital. La apropiación funciona por encima de aquélla y la subsume, al ser una lógica más general que abarca no solamente más modos históricos, sino que en cada  uno de ellos opera como la propiedad protegida del sistema. En el pensamiento de la complejidad, un Protectorado es el núcleo lógico central desde el que emergen las distintas propiedades operativas, cada una de ellas como falange protegida para la gestión del protectorado principal. Pues bien, para los fines del presente análisis, la razón de ser de la producción, sea cual sea el modo social en el que se organice, es la apropiación y no la producción en sí misma. En cada modo lógico histórico de organización social, el principio protegido es la apropiación, y su principal falange es la producción. El hecho de que resulte necesario producir para apropiarse, ha conducido al equívoco de considerar que el conjunto de luchas emprendidas para definir qué se produce y organizar cómo se hace, justificaría poner al centro de las categorías sociales históricamente construidas la de Modo de producción.  Bien leída la relación, el fin y no el medio es apropiar. Así, esclavismo, feudalismo o capitalismo son, ante todo, formas de apropiación  condicionadas a producir lo que han de apropiarse. En cada una de ellas, justamente, han existido grupos, clases e instituciones que han progresado por colocarse en el flanco rentista apropiador y no productivo. Estas entidades constituyen una impureza desde la perspectiva de los modos de producción, pero encuentran plena vigencia cuando se leen como dispositivos del modo de apropiación.

            La apropiación en el capitalismo contemporáneo se desdobla en una segunda forma que es de naturaleza simbólica: la de las tecnologías, los procesos, las formas y los contenidos de comunicación. En efecto, ha sido el campo académico de la comunicación el espacio donde se ha dado cuenta de la existencia de una doble forma de la apropiación (Becerra, 2009). Una de ellas consiste en la subjetivación y personalización soberanas de los consumos,  seguidos de la capacidad de respuesta,  incluidas las formas contestatarias.  La otra consiste en un mecanismo de dominación  que  contrapesa la soberanía de la primera forma; es incluso una práctica parasitaria que vive oculta tras la primera como metaapropiación. Es característica del modo vertical de comunicación que se definirá más adelante y que, aprovechando las posibilidades que se abren con la complejidad de los sistemas de comunicación, produce una oferta preapropiada de modo tal que la subjetivación y la personalización de su consumo esterilizan políticamente en algún grado las prácticas de los usuarios, en tanto sus respuestas quedan previstas y subsumidas por el sistema. Así pues, si el rasgo constante de la historia humana es la lógica de la apropiación, lo distintivo de la época presente es la existencia de mecanismos de apropiación de la apropiación como mecanismos de dominio y lucha. Éstos se dan fundamentalmente en el ámbito comunicacional y desde él definen mucho del capitalismo contemporáneo. En ello, la propuesta de análisis en los tiempos que corren desde la perspectiva el modo de apropiación justifica articularse como Modo de comunicación capitalista.

            Corresponde al espacio de análisis de la formación social simbólica el recuento de los procesos históricos asociados a la existencia de modelos de comunicación vertical y horizontal, así como los choques entre ambos y la crisis del primero.  Desde luego, mientras que la caracterización del modo de comunicación capitalista requiere un análisis denso, la descripción de la formación simbólica constituye una tarea de pormenorización tan expandida que puede resultar inacabable incluso si solamente se entienden procesos y configuraciones decididamente comunicacionales. Así pues, el apartado correspondiente da cuenta apenas de algunas líneas destacadas al propósito de describir las prácticas sobresalientes que constituyen las formas mayores en que se concreta el modo de comunicación capitalista. El criterio de lectura social para destacar las líneas que se exponen es la crisis a la que se asocian.

            Una caracterización suficiente de la crisis debe proyectarse en el tiempo y partir de la distinción entre procesos abiertos y cerrados. La naturaleza conoce los dos tipos: los segundos son desarrollos recursivos de distinta duración en sus retornos a los inicios, como la sucesión del día y la noche o la traslación de la Tierra en torno al sol. Estas repeticiones acumulan en un plano más profundo un despliegue de propiedades cuya escala de expresión resulta demasiado larga y refractaria a las observaciones casuales. Aunque construidos de la constancia de los ciclos, los procesos abiertos naturales no vuelven al punto de origen. Una forma es abierta en el tiempo porque es compleja, esto es, gobernada por principios que forman niveles o estados en los que operan diferenciadamente. Cada uno de ellos no sólo limita con un estado más básico o más desarrollado, como el dominio celular lo hace con el molecular y el orgánico, sino que acumula cambios en el plano de la sucesión genética. Hablando con propiedad, en la vida social sólo se encuentran procesos abiertos, operando claramente en dos planos: sincrónicamente como conflictos de interacción y diacrónicamente como procesos transhistóricos. En el primero se observan formas limítrofes cualitativamente diferenciadas correspondientes a individuos, instituciones y Estado nación, por ejemplo. Los conflictos ahí se dan al interior de cada plano y en la relación entre ellos. Llamamos crisis a la condición de inestabilidad sobrevenida de los conflictos ocurridos en los niveles sociales superiores y que, por tanto, poseen un carácter estructural y permanente, que conducen a cambios de estado de alguna magnitud pero nuevamente inestables. Así pues, existe un efecto de crisis gestada diacrónicamente que mantiene abiertos los procesos sociales y que son, justamente, los objetos de la historia.

 

II. Los sistemas del Modo de comunicación capitalista

 

Hablar de un Modo social y de sus formaciones es aludir a entidades y ejercicios que se encuentran en distintos órdenes de una totalidad que aquí llamaremos Estructura social. Ha de entenderse que ésta se inscribe en una dimensión ontológica y una praxiológica. Para los efectos del presente análisis, la primera es llenada por el modo de apropiación, que hemos propuesto como comunicacional para la presente fase del capitalismo. La configuración dominante que adoptan los entes en juego para la apropiación y metaapropiación constituye el arreglo que a manera de lógica operativa define la estructura con la que la sociedad se ejerce a sí misma en los actos praxiológicos con que produce, distribuye y aplica el poder. Sus contrapesos serán justamente otros arreglos que desde distintas inversiones se erijan para interpelarlos. Los ejercicios, pues, provienen de la configuración ontológica como estado de cosas y vuelven a ella, manteniendo la estructura a la vez ordenada y en movimiento. Tal es lo que se plantea al enunciar la ecuación cercana a la propuesta por Becerra (2009) Sociedad = [Lógica · Historia] o S=L·H, donde sistema y proceso establecen una matriz de relación de un producto complejo, dado que ni L ni H son elementales, sino molares. Debido a ello, no existe tal cosa como una estructura social propiamente hablando, sino estados de la estructura que quedan definidos por la interacción específica de una particularidad l del sistema L con otra particularidad h del proceso H. La notación de los elementos de la matriz n·n es Li ·Hj, y sus casos de encuentro definen las formas k que, como estado de la estructura, asume Sk. A fin de integrar el resultado de esta inmersión, podemos replantear la relación inicial S=L·H como Sk=Li·Hj, que deberá bastar para entender que cada caso de la estructura (el álgebra lo llamaría cada sk-ésima) resulta del encuentro de una particularidad del sistema (una li-ésima) con un proceso específico (un hj-ésimo). Una vez asentado lo anterior, podemos simplificar la escritura con el uso de minúsculas que deberán entenderse como caso particular: s=l·h.

            El presente apartado trata de L, mientras que el siguiente se ocupa de H. Atendemos ahora los sistemas de comunicación como arreglos ontológicos ordenados según una lógica que objeta a H y es objetada por ésta como procesos de comunicación, atendidos aquí sólo los más ligados a la crisis, según enunciamos al cierre del apartado previo. Describimos a continuación dos modelos mayores de los sistemas de comunicación, uno vertical y otro horizontal, esto es lv y lh. En la siguiente sección analizamos algunos procesos en ambos como hj1,hj2,...,hjn. Empleamos l(h) como articulación para leer los procesos desde una hipótesis del sistema, es decir, vemos la formación histórica simbólica desde el modo lógico de la comunicación capitalista. La sección establece el momento abierto S=lv·lh, donde la movilidad queda a cuenta de los procesos l en el conflicto vertical · horizontal. Hemos evitado anotar que los estudios empíricos en boga en el campo de la comunicación sean descriptibles como S=hj1·hj2·...·hjn no porque sea impropia la expresión, sino porque ella supone una intención integradora en la que interesa la estructura S como unidad dialéctica. Paradójicamente, es más probable que la descripción de los procesos h se efectúe como si éstos fueran cerrados o, por lo menos, lineales. En todo caso, lo usual es que los estudios de procesos de comunicación presten más atención a lo que ellos reciben de la estructura social, que a lo que tienen de generadores. Es justo lo que la tradición de las ciencias de la comunicación como campo de diversas disciplinas ha inculcado. Es también justo aquella práctica con la que hay que romper para promover desde el ejercicio académico la construcción de la categoría comunicación y su institución campal.

            Establecido lo anterior, deberá quedar claro que el término Sistemas de comunicación deriva del pensamiento estructuralista para aludir a los arreglos de distintas entidades orgánicas que desempeñan funciones de comunicación. Así, desde los individuos y grupos hasta las instituciones y empresas, con sus entornos de intención, estética, tradición, marco jurídico y mercado, forman parte de los sistemas referidos a condición de ser considerados no sólo como entes, sino más por el arreglo social en que consisten y que facultan. Desde esta perspectiva, el mundo social tal como se presenta a la conciencia es un efecto de los sistemas de comunicación, entre otros sistemas. Siguiendo un principio de preeminencia por complejidad, son las formas superiores, es decir, instituciones y empresas las que gozan de mayor presencia y son colocadas en los estudios en posiciones centrales. Las agencias de comunicación como las vocerías y los observatorios, las consultorías de imagen, publicidad y relaciones públicas forman parte del grupo que llamamos instituciones. Se trata de organizaciones mediadoras entre el cliente y el medio. Reservamos la denominación empresas a aquellos giros que viven del contacto no mediado con los usuarios finales, consumidor de productos de comunicación dotados de forma y contenido, empaquetados en géneros y puestos en el mercado para segmentos definidos. Se trata de lo que comúnmente se conoce como medios masivos de comunicación o, según otra tradición híbrida, mass media. Éstos venden directamente sus servicios a sus consumidores y el tiempo y el imaginario de ellos a sus clientes.

            Sin embargo, el privilegio a instituciones y empresas es apenas lo que arroja una forma de lectura; la complejidad en una acepción más rica alude a sistemas no lineales donde existen propiedades emergentes, autoorganización y autocreación, así como una distribución de funciones tal que los estados límites para la transición exhiben una plasticidad relativamente mayor. Es en este punto en el que aparecen las redes de comunicación donde los agentes son prosumidores, es decir, pueden fungir como productores tanto como consumidores de mensajes (Madanmohan y Navelkar, 2004). El campo semántico de estos sistemas incluye nociones como: red social, internet 2.0, cultura wiki, e-gobierno, e-empresa y sociedad red/sociedad del conocimiento. Son todos éstos componentes de otro sistema con su propio orden y, efectivamente, descansan en un sustrato material alcanzado por una base sociotécnica y económica dentro de un marco regulatorio comparativamente laxo. Sin embargo, la existencia y el modo de ejercicio emergen también de una cultura ad hoc según la cual los usuarios reciben denominaciones específicas y pueden ocupar posiciones de distinta centralidad, según lo revelan los análisis de redes. Las posiciones centrales no sólo son aquellas que gozan de mayor exposición, sino las que más contribuyen y abrevan del imaginario del espacio relacional donde están adscritas. Como se ve, justo los sujetos y grupos, aquellos agentes menores reducidos al consumo en el primer sistema, son los protagonistas del segundo. En éste las instituciones y empresas juegan en lo posible el juego de las redes, sin llegar a colocarse de lleno en su lógica ni impactar regularmente el imaginario en ellas. Se trata, pues, de dos modelos opuestos en los sentidos que describimos a continuación.

 

Los modelos vertical y horizontal

Las tradiciones académicas que estudian la estructuración social desde la perspectiva del conflicto afirman que las sociedades se organizan en forma vertical para la realización de sus actividades, con lo que el gasto de energía y la conducción se distribuyen de modo muy desigual. El ejercicio de la verticalidad obedece a las necesidades del poder: las decisiones son tomadas en las capas superiores y las órdenes son impartidas de forma descendente. Tanto en el Estado como en las organizaciones sociales –definidas a partir de la propiedad privada- y las instituciones morales como la familia, la verticalidad es una forma de ejercer el poder y de mantener el orden dentro de las sociedades.  Apuntábamos el interés en los medios de comunicación tradicionales. A lo largo de su desarrollo, principalmente durante el siglo XX, los medios consolidaron la estructura vertical al convertirse en emisores de mensajes que llegaban a grandes audiencias. La sociedad fue receptora de los mensajes masificados sin la posibilidad en la mayoría de los casos, de retroalimentar (Horton y Hunt, 1992). La radio, la televisión, el cine y el periodismo escrito dominaron la comunicación vertical desde sus apariciones, proporcionando al espectador parámetros de interpretación (Wolf, 1987) así como formas estéticas, géneros, lenguajes y modos de consumo. La masificación de la comunicación posibilitó el establecimiento de mecanismos de control informativo mediante la verticalización de los contenidos sin posibilidades de contraemisión más allá de las que consistían en la entonces llamada comunicación alternativa, caracterizada por su presencia marginal y, con frecuencia, clandestina.

Los análisis históricos indican que las burocracias jerárquicas integradas verticalmente representaban la expresión del poder organizado de una élite social, legitimada en ocasiones por la mitología y la religión. Así, la sociedad industrial fue conformada a partir de una producción vertical y a gran escala; las instituciones estatales y los organismos políticos se desarrollaron jerárquicamente, requiriendo contrapesos formales e informales a fin de evitar las prácticas totalitarias. Para algunos teóricos, la superioridad histórica de las organizaciones verticales sobre organizaciones no verticales se debe a factores tecnológicos (Castells, 2010): las redes sociales como formaciones en el segundo supuesto eran menos susceptibles que las estructuras verticales para efectos de mando y control. Sin embargo, en los albores del nuevo milenio la facultad de control y la organización a partir de la verticalidad parecen alejarse de las nociones tradicionales supeditadas a lo temporal y geográfico debido a cuatro aspectos (Canroy y Castells, 2001): la nueva globalización de las instituciones sociales; la reorganización del trabajo y la separación del trabajador de puestos gerenciales; el declive del Estado-nación y la intensificación de la identidad cultural; la reorganización de los conocimientos y el surgimiento de redes horizontales de comunicación. Desde el paradigma de la Sociedad de la Información o Sociedad de la Información y el Conocimiento, la implementación de las llamadas Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC), están transformando las estructuras verticales de organización y poder.

Ya desde 1993, con la liberación de internet para su uso social, las investigaciones empíricas sobre las nuevas tecnologías registraron el surgimiento de una estructura social históricamente inédita: la horizontalidad. Internet posibilita nuevas formas de organización no vertical entre usuarios, grupos sociales, instituciones, sistemas financieros, medios de comunicación tradicionales, etcétera.  Según Wellman y Haythornthwaite (2002), las redes humanas horizontales se construyen desde la tecnología para diversos fines: solidaridad civil, relaciones interpersonales, trabajo flexible, comercio electrónico, etcétera. Internet se ha convertido en la tecnología de comunicación con mayor rapidez de difusión que haya existido a lo largo de la historia humana. De acuerdo al Informe sobre Medición de la Sociedad de la Información 2015, publicado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el número de computadoras conectadas a la red es de 41.3 por cada 100 habitantes. A nivel planetario, un promedio de 46% de los hogares tiene acceso a internet y más del 80% de los hogares en países desarrollados. Según la UIT se estima que existen en el mundo 6 mil 835 millones de teléfonos móviles, es decir, por cada 100 habitantes hay 96 celulares. Cifras del reporte Usuarios de Internet y Estadísticas de Población 2016, elaboradas por la asociación internacional Internet World Stats (IWS) revelan que el 50.1% de la población mundial está conectada a la red, siendo las regiones con mayor número de usuarios Asia, Europa y América Latina. En tanto las zonas por tasas de penetración de la red se ordenan así: Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), 89% de la población con acceso a internet; Europa, 73.9%; Oceanía, 73.3%; América Latina, 61.5%; Medio Oriente, 57.4%; Asia, 45.6%, y África, 28.7%.

Con internet los individuos conectados construyen comunidades digitales, redes que desmoronaron los contextos de producción y recepción, además de superar la comunicación mediática jerárquica. En la última década el desarrollo de tabletas y teléfonos inteligentes mejoró la ubicuidad y constancia de las interacciones: los usuarios permanecen conectados a la red horizontal desde cualquier parte siempre y cuando tengan acceso inalámbrico a la misma. Estudios etnográficos (Wellman y Haythornthwaite, 2002) demuestran que las relaciones horizontales fortalecen y complementan las interacciones reales: la socialización humana no se destruye, como temen los escépticos de los nuevos medios; en ellos emergen formas de relación para las cuales la distancia no es ya un impedimento, sino una oportunidad de contacto y de circulación de tópicos que conforman una cultura propia de los usuarios. Las NTIC representan nuevos medios que agrandan las relaciones sociales, superando el modelo horizontal de los viejos medios. Las nuevas generaciones de jóvenes son los usuarios que mejor aprovechan las ventajas de las redes: juegan, exploran su mundo, prueban diferentes identidades, se expresan a través de páginas personales, viven en la digitalización y la inmediatez de la información (Katz y Rice, 2002). La emergencia del sistema vertical tuvo un mayor desarrollo a partir del año 2004 cuando inició la llamada Web 2.0 o Internet 2.0, que incluye herramientas para que cada usuario encuentre en la red los mensajes que desea y se convierte a su vez en emisor de sus propios contenidos. Dentro de la Web 2.0 se encuentran las redes sociales digitales como Facebook o Twitter, el uso de recursos wiki (como Wikipedia o WikiLeaks), la creación de páginas personales o bitácoras, el etiquetado colectivo y el uso de marcadores sociales, el almacenamiento gratuito de información en la “nube”, el desarrollo de sistemas para compartir y modificar recursos como Google Drive, Viemo o Picasa, entre otros recursos. Hay una estructura social asociada de ida y vuelta a las NTIC, definida por algunos autores como sociedad red (Castells, 2002). En ella se integran grupos de personas u organizaciones cuyo punto de unión son intereses afines: amistad, trabajo, comercio, educación, por ejemplo. De hecho, para cada práctica social posible en red electrónica existen comunidades virtuales, algunas de éstas operando en varias dimensiones, según prevea el diseño de la plataforma. Sean cuales sean los recursos disponibles, al final la trayectoria de cada usuario conforma su perfil de exposición para integrar las comunidades que le resultan más próximas en cada servicio elegido.

La horizontalidad también ha posibilitado una mayor capacidad de organización y libertad. Castells (2010) asegura que la comunicación horizontal, que conceptualiza como autocomunicación, permite la autonomía de los sujetos comunicantes respecto a las empresas de comunicación predominantes que operan a nivel global. Cuando los ciudadanos participan en la producción cultural de los medios de comunicación de masas y desarrollan redes independientes de comunicación horizontal, entonces son capaces de inventar nuevos programas para sus vidas. El concepto de horizontalidad comunicativa como lo entendemos en la actualidad implica una reforma, pues el término queda acotado si sólo se entiende como la posibilidad que tienen los internautas de conectarse y comunicarse. La comunicación en red se asemeja más a las corrientes marinas, al desbordamiento de un río o al pensamiento humano, cuyo cauce no está predeterminado, sino que es omnidireccional y sujeto a diversas fuerzas.  La estructura social emergente producida por el Modo de comunicación de nuestros tiempos, según revela la Teoría de Redes, aunque horizontal, lo es de manera no homogénea. La ubicación de los nodos dentro de la red es heterárquica: la centralidad y la relación de nodos con nodos puede determinar diferencias en la distribución de la información. Por lo tanto, dentro de la horizontalidad también habrá jerarquías. Con la horizontalidad, estas jerarquías no desaparecen sino que se diversifican, aunque se suavizan y compensan, al grado de modificar la estructura social y facultar nuevas prácticas sociales.

La horizontalidad que ofrecen las nuevas tecnologías está transformando las estructuras tradicionales sociales, desde la participación política, hasta los sistemas económicos.  El modelo horizontal permite una mayor libertad de la sociedad en la construcción comunicativa, tanto en el contexto de las libertades informativas como en el desarrollo de su propia identidad. La apropiación y práctica de la tecnología será fundamental para el sistema social (Ellul, 1960). En las actuales crisis de las organizaciones verticales, como ocurre en la mayoría de las formas de organización política, los sistemas financieros y la credibilidad de los medios de comunicación tradicionales, las emergentes herramientas de comunicación digital reconfiguran las estructuras tradicionales a partir de redes horizontales. Con la horizontalidad, las colectividades en red tienen un mayor margen de acción y de participación en asuntos de interés público.

 

III. La Formación histórica

 

Por su nivel de abstracción, el modo en que existen los principios generales es sólo en aquellas formas en que se concretan. Cabe caracterizar una formación histórica como efecto de densificación de una estructura, en la misma proporción en que es posible invertir la mirada, como se hace usualmente, para leer desde las concreciones los principios que las facultan y les dan orden. Todo esto se traduce en que la caracterización de un modo social se parece a un concentrado y la de una formación, a una minuta. Según hemos expuesto, el criterio de lectura es fundamentalmente el que corresponde a las crisis generales del sistema. La tarea consiste en ofrecer un estado empírico de la cuestión asociada a las crisis generales del sistema, a partir de la selección de algunos acontecimientos. El presente apartado se organiza en dos grandes temas. El primero de ellos corresponde a características del modelo vertical y el recuento de los límites del mismo ante la emergencia del modelo horizontal. Finalmente, describimos propiedades del modelo horizontal que funcionan como mecanismos de remediación social.

 

El choque vertical-horizontal

La jerarquía tradicional para estructurar y distribuir el poder se encuentra en una crisis de sostenibilidad debida al desarrollo y la disponibilidad tecnológica. Son innumerables los casos de crisis de la verticalidad que se pueden visibilizar en el choque de sistemas de comunicación tradicionales y sistemas de comunicación en redes. Algunos teóricos consideran que los grupos de poder –económico, político, etcétera- controlan mediante los medios de difusión tradicionales la información que consumen las audiencias para mantener el orden establecido (Giddens, 1999). La nueva tecnología es empleada por los usuarios y las instituciones que participan en diversas esferas de producción, incluyendo la económica y política. La red proporciona un canal horizontal de comunicación donde los secretos pueden ser descubiertos y sus usos tienden a profundizar la crisis de los sistemas verticales. Estudios realizados en 25 países europeos durante recientes cambios en sus sistemas de gobiernos, demostraron que la penetración del sistema horizontal entre la población aumenta el consumo de información de carácter público y político, en detrimento de canales tradicionales de comunicación como la radio o la televisión (Lusoli, 2005). Para John Keane (2008), la estructura horizontal posibilitó la aparición de la sociedad civil organizada en forma global, que no se encuentra establecida físicamente en ningún país, pero que se ocupa de temas que afectan a todo el planeta como la pobreza, la fabricación de armas, la hambruna o el medio ambiente. La nueva tecnología da la posibilidad de estructurar una sociedad más global a partir de la comunicación.

Mediante las nuevas tecnologías, se han registrado en el mundo variadas formas de organización civil contra las instituciones que sostienen el modelo económico y político vertical (Held, McGrew, Goldblatt y Perraton, 2002). A través de internet, según Cohen y Rai (2000), se han registrado nuevas formas de organización social que enfrentan los sistemas verticales de poder desde movimientos de ecologistas, pacifistas, religiosos, sindicales, feministas y defensores de derechos civiles. Entre los años 2010 y 2013, en la zona de Medio Oriente se registró la llamada Primavera Árabe: protestas, revueltas y guerras civiles donde las nuevas tecnologías jugaron un papel importante. Ante el control vertical de la información por parte de los medios de comunicación locales, los usuarios de la red emplearon la nueva tecnología para informar al mundo lo que estaba pasando. En Túnez después de la autoinmolación del estudiante de informática Mohamed Bouazizi como protesta en contra de los abusos de autoridad, la gente salió a la calle con teléfonos en mano. Luego de meses de protesta y enfrentamientos con la policía, cayó el régimen. En Egipto casi un millón de personas se reunió en la plaza Tahir para exigir la renuncia del presidente Hosni Mubarak. Las manifestaciones pudieron seguirse por Twitter y Facebook. El dictador dejó el cargo después de que los enfrentamientos entre la sociedad civil y el ejército dejaron como saldo cientos de muertos. En Libia los grupos opositores llevaron a una guerra interna que terminó cuando circularon en YouTube las imágenes de la muerte del dictador Muamar el Gadafi. En el año 2011 bajo el espíritu de cambio en el sistema de gobierno, miles de personas salieron a las calles en Siria para protestar contra el presidente Bashar al-Asad. Una de las primeras medidas del gobierno fue cortar el servicio de internet para evitar que las protestas fueran conocidas en el extranjero. Después de un año de represión una parte de la población, el ejército y grupos extremistas se levantaron en armas contra el gobierno. A inicios del año 2013 los rebeldes comenzaron una guerra en el ciberespacio: abrieron cuentas en redes sociales y un canal de transmisión en línea en internet donde difunden comunicados, imágenes de enfrentamientos y reportan la situación del país. Son espacios de propaganda en YouTube los perfiles Zaher y WarClashes, o en Facebook Comic4Syria.

Las protestas civiles contra sistemas políticos verticales no sólo ocurrieron en países árabes. Desde el año 2011 las principales plazas de las ciudades de España fueron escenario de la movilización de miles de jóvenes, quienes se organizaron a través de las redes para exigir al sistema político-económico más fuentes de trabajo y mejores niveles de vida. Los llamados “indignados” codificaron su propio lenguaje que los llevó a realizar acampadas frente a poderes públicos: #15M, #democraciarealya, #acampadasol, #yeswecamp, #spanishrevolution, #nonosvamos, #notenemosmiedo y #22m. En septiembre de 2011, en Estados Unidos inició el movimiento “occupy” con un plantón afuera de la Bolsa de Valores en Wall Street para inconformarse contra el neoliberalismo, la codicia corporativa y el rechazo al modelo político-económico. En Nueva York la policía comenzó a monitorear las redes sociales digitales utilizadas por los inconformes para detener a los líderes y bloquear el paso de las manifestaciones. Un grupo de ingenieros fabricó antenas para colocarlas en algunos edificios. Ellas permitieron contar con internet alternativo cuyos mensajes no pudieron ser conocidos por las autoridades. Las protestas de los “occupy” se expendieron a 80 países y a 650 ciudades de todo el planeta. En Grecia los sindicatos convocaron a paros y huelgas ante el recorte de ingresos, pensiones y el aumento de impuestos. Organizaciones civiles se sumaron a la lucha de los trabajadores difundiendo críticas contra el gobierno griego en Facebook y colocando videos y fotografías para apoyar las marchas. En Inglaterra el asesinato racial del joven Mark Duggan (residente de la ciudad de Tottenham), movió a los usuarios de las redes sociales digitales para tomar el edificio de la policía y las oficinas del gobierno. En 2013 el gobierno de Sudán de Omar al Bashir, anunció el recorte de subsidios a los combustibles. Miles de personas se organizaron a través de las redes sociales digitales y salieron a las calles a protestar. Para contrarrestar la comunicación horizontal, el 25 de septiembre el gobierno logró controlar la señal de internet y dejó a millones de hogares sin acceso a la red, sin embargo un día después, tres ingenieros especialistas en tecnologías (Mohammed Hashin Saleh, Abeer Khairy y Ahmed Hassan) crearon un mapa virtual de inconformidades utilizando tecnología satelital y el buscador Google. Dicho mapa logró evadir la censura gubernamental al registrar mensajes de teléfonos móviles vía SMS (Short Message System) con el fin de que las personas reportaran casi en tiempo real lo que estaba ocurriendo en su contexto inmediato. La plataforma se dividió en categorías para mantener informado a la comunidad del ciberespacio sobre muerte de personas, detenciones civiles, enfrentamientos, represión a manifestantes, etcétera.

Como puede apreciarse en los anteriores casos, en el sistema horizontal de comunicación los usuarios no sólo utilizan las NTIC con la finalidad de construir sus propias narrativas, sino que son capaces de diseñar sus propios medios tecnológicos. La mayoría de los choques entre ambos sistemas son visibles en el área del ejercicio del poder vertical: contra decisiones del gobierno, contra abusos del sistema financiero, contra la explotación de la naturaleza, contra la afectación de derechos, etcétera. Ya que la horizontalidad escapa en buena parte al modelo vertical, este nuevo sistema soportado por las tecnologías de la comunicación se asemeja a la propuesta de rizoma desarrollada por Deleuze y Guatari en Rizoma: Introducción (1977) debido a que su desarrollo no se condiciona a la linealidad jerárquica, sino que su crecimiento sucede en redes. En ese sentido, el sistema horizontal funciona en red debido a que tiene un principio de conexión y heterogeneidad: cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo. Eso no sucede en el árbol ni en la raíz, que siempre fijan un punto, un orden. Al igual que el rizoma, la red se multiplica: sólo cuando lo múltiple es tratado efectivamente como sustantivo, multiplicidad, deja de tener relación con lo uno como sujeto o como objeto, como realidad natural o espiritual, como imagen y mundo. Al igual que el rizoma, la red puede ser rota, interrumpida en cualquier parte, pero siempre recomienza según esta o aquella de sus líneas, y según otras. Contrario al modelo vertical, el rizoma es ajeno a toda idea de eje genético, como también de estructura profunda. El eje genético o la estructura profunda son ante todo principios de calco reproducibles hasta el infinito. La lógica del árbol es una lógica del calco y de la reproducción. La lógica de la red es la lógica del sistema horizontal.

 

Propiedades de la era de la horizontalidad

Si bien es prematuro calificar los tiempos que corren como de pura o siquiera de una dominante horizontalidad en comunicación, sí vale la pena asentar que se trata de una presencia creciente e inédita en las sociedades complejas. Las culturas de baja jerarquización han existido siempre y lo hacen en el presente, mas el rasgo común a ellas es que se trata de configuraciones lo suficientemente pequeñas para permitir a sus integrantes tener cierta interacción cara a cara y mantener un reconocimiento de la totalidad. El modelo horizontal que aquí reseñamos presenta características únicas, de las cuales resaltamos dos: la construcción de flujos y la cultura wiki. Digamos que, en general, son un antídoto a la cultura vertical para las cuales ésta carece de contra antídoto y, en muchos sentidos, ni siquiera ha sido capaz de comprenderlas.

Como se ha señalado anteriormente, las nuevas tecnologías están cambiando las tradicionales formas de comunicación individualizada y grupal. El sistema horizontal se caracteriza por dar la posibilidad de comunicación de manera omnidireccional y poner en crisis parte de la hegemonía del modelo mediático vertical. La comunicación del modelo horizontal circula en un espacio virtual, en un espacio simbólico: las redes sociales digitales son ejemplo de dichos espacios. En el espacio simbólico, los grupos sociales pueden comunicarse con otros grupos, informarse, elegir temas y emitir opiniones. Para Castells (1997), la horizontalidad está vinculada a un espacio de flujos donde circula la información que se expande a través de redes. Según el autor, este espacio de flujos lo conforma un círculo de impulsos electrónicos, conformados por la microelectrónica, las telecomunicaciones, el procesamiento informático, los sistema de radiodifusión y el transporte de alta velocidad, que “juntos forman la base material de los procesos que hemos observado como estratégicamente cruciales en la sociedad red” (p.409). Castells define los flujos como manifestación de la dominación: “el poder y la riqueza están organizados en redes globales por los que circulan flujos de información” (1999, p. 30).

Proponemos la distinción de tres clases de flujos en el sistema horizontal: el simbólico, el hacker y el técnico-político. El flujo simbólico se refiere a la comunicación humana, es decir a los flujos virtuales que permiten que la información transite en las redes y sobre los cuales se estructuran significados por parte de los grupos sociales. En el flujo simbólico se generan las formas simbólicas de la horizontalidad en cuanto al desarrollo de contenidos simbólicos desde las nuevas tecnologías, pero también desde la verticalidad cuando lo mediático converge con las nuevas redes.  Un ejemplo de este flujo es la información que las personas pueden consultar en Google: los resultados de una búsqueda son la representación de un mundo más allá de los límites materiales, pero dependientes de las políticas y el diseño tecnológico de la empresa.  Lo que la gente encuentra en Google, en cierta forma es lo que Google quiere que encuentre. Sin embargo, el modelo horizontal lo es sólo en comparación con el vertical: el flujo simbólico evidencia un par de límites: el peso de la centralidad en la red y la subjetivación significativa que los usuarios imprimen a las mediaciones tecnosociales. Al final, habrá tantas horizontalidades como apropiaciones ejerza cada individuo o grupo.

En seguida referimos el flujo hacker como posibilitador de la interacción de usuario a usuario a través de códigos alternativos a la cultura hegemónica vertical. La hipertransparencia es su principal efecto. Integra las esferas pública y privada, revelando hechos de otra manera ocultos. En este flujo, los entes comunicantes se caracterizan por compartir la información, trabajar en forma anónima si se desea y apropiarse de la nueva tecnología con fines distintos a la cultura hegemónica. El valor sobre el cual gira el flujo hacker es la libertad, lo que apunta a una idea: la horizontalidad es un ambiente. En él, los usuarios eligen relativamente de modo libre su producción, transmisión y consumo de información. La comunicación en la horizontalidad no tiene límites según el flujo hacker: los usuarios diseñan o rediseñan sus propios instrumentos para mantener la circulación de las formas simbólicas. El conocimiento es la herramienta a través de la cual el flujo hacker da diferentes significados a los códigos alterativos. Es por el flujo hacker por lo que el modelo horizontal es la antítesis del vertical, puesto que escapa de la jerarquía vertical que impone cierto dominio comunicativo.

Por último, el flujo técnico-político, es el Caballo de Troya con que el poder establecido busca la prevalencia de su visión para mantener el orden de las cosas. Desde la verticalidad los poderes acudirán a la regulación ad hoc de la tecnología mediante el control de la programación, la implementación de normas y leyes así como la puesta en marcha de instrumentos coercitivos legales o ilegales, además de los dispositivos para producir la antes referida metaapropiación. El flujo técnico-político representa la visión comunicativa de la cultura hegemónica, establecida tradicionalmente desde la agenda de temas informativos impuestos tanto por el sistema de medios de difusión como por el sistema político. La verticalidad acudirá al flujo técnico-político para montar estrategias que regulen las formas simbólicas. Dichas estrategias están contenidas tanto en la codificación de las nuevas tecnologías como en la regulación del flujo simbólico por parte del sistema político.  Será a través del flujo hacker como los colectivos encuentren salidas a los diques montados por el flujo técnico-político expuesto o simulado.

Derivada de la propiedad de flujos, especialmente el simbólico y el hacker, destaca como propiedad del sistema horizontal la cultura colaborativa wiki. Ellas explican muchos de los desafíos al orden establecido. De hecho, en los últimos años se registró a nivel global una gran cantidad de casos donde la apropiación horizontal de la comunicación como forma de contrahegemonía visibiliza claramente la función de la cultura wiki. Ejemplos son las revueltas antes referidas en la zona arábiga que terminaron durante 2011 con sistemas políticos en Egipto, Libia y Túnez; las protestas contra asuntos locales, regionales o globales en países europeos como España, Inglaterra, Francia, Alemania o Portugal, o las manifestaciones civiles en varias ciudades de Estados Unidos bajo signos de una “cultura red” en Twitter como #Occupy, #Indignados o #Democraciarealya. Estos procesos han estado sido resortes sociales de inconformidad y prácticas de comunicación horizontal. La acción colectiva de los últimos años estuvo vinculada al contexto local del cibernauta, por ejemplo, sistemas de alerta y protestas callejeras en contra de la inseguridad.

            En el plano de la esfera pública y la arena democrática, en las elecciones presidenciales de 2012 en México, la visita que hizo el candidato priista Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana el 11 de mayo, estuvo marcada por el rechazo de estudiantes, quienes lanzaron consignas en contra del aspirante a la Presidencia de la República: “Fuera Peña”, “la Ibero no te quiere”, “Asesino”, “Atenco no te olvida”, etcétera. La visita a la Ibero se convirtió en un linchamiento virtual en las redes sociales digitales. Un día después del incidente, algunos medios de comunicación como la Organización Editorial Mexicana (OEM) y la cadena de televisión Televisa, manipularon la información calificando como un éxito la visita del candidato. Otros medios como TV Azteca, censuraron el hecho y no lo mencionaron en ningún segmento informativo y una decena de periódicos calificaron las manifestaciones como actos partidistas. Ante esta situación, los universitarios difundieron por YouTube un video donde 131 jóvenes rechazaron ser “porros”, es decir violentadores infiltrados, y pertenecer a algún partido político. Tales hechos llevaron a miles de personas a difundir en internet la etiqueta #YoSoy132. La comunicación horizontal posibilitó a los colectivos organizar una marcha en el corazón de la Ciudad de México, en la cual participaron jóvenes provenientes de la Ibero, el Tec de Monterrey, la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad De La Salle, la Universidad Anáhuac, decenas de tecnológicos y escuelas tanto privadas como públicas. Las movilizaciones civiles tuvieron dos grandes puntos de lucha: el rechazo al sistema político mexicano y la exigencia por las libertades informativas ante la parcialidad de algunos medios de comunicación. El acontecimiento inclinó la balanza de las preferencias electorales a favor del candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, que pasó de la tercera posición a disputar la primera. De haber estallado el movimiento más tempranamente y/o de haber existido una mayor penetración de las tecnologías de uso horizontal, probablemente el sistema político mexicano habría tenido que reconocer un resultado electoral distinto.

            Es conocido el origen del concepto wiki -tomado del hawaiano wikiwiki, que significa rápido- en la construcción de la wikipedia. Su entorno, Wikimedia, alberga los proyectos Wiccionario, Wikilibros, Wikiversidad, Wikiquote, Wikinoticias, Wikisource, Wikiespecies y Wikiviajes (Wikipedia, s/f). Todos ellos poseen una naturaleza abierta, colaborativa, autoritativa (Becerra, 2013) y disponibilizadora. Destaca entre otros servicios - comunidades, el sitio de noticias WikiLeaks (http://wikileaks.org/), que desde su puesta en operación en 2006 ha provocado una serie de escándalos que involucran a gobiernos y a la iniciativa privada. A través cuentas de correo electrónico, los editores de WikiLeaks reciben de los usuarios en forma anónima documentos escaneados, informes oficiales, fotografías y videos mediante varios sistemas de seguridad de software libre como OpenSSL que permite la criptografía de archivos, el Proyecto Freenet (http://freenetproject.org) que logra superar la censura de las redes como ha ocurrido en China y en países árabes, o The Onion Router (http://www.torproject.org/) que permite a los cibernautas comunicarse en forma anónima con otros participantes. WikiLeaks fue creado por el especialista en informática Julian Assange y una red de cibercolegas, con el apoyo de la Sunshine Press (www.sunshinepress.com), organismo civil que protege los correos electrónicos de los informantes para que no puedan ser rastreados por las autoridades. El portal utiliza servidores de internet ubicados en Islandia, Bélgica y Suecia donde existen normas que protegen la vida privada de las personas y la identidad de las fuentes. El éxito de este proyecto ha sido utilizar las grandes ventajas que generan las innovaciones e internet para garantizar el anonimato y explotar el código abierto de comunicación para el trabajo en red con decenas de colaboradores desde varias partes del mundo. Los documentos revelados han sido una fuente inagotable de información para algunos medios como Le Monde, Der Spiegel, The Guardian, BBC, The New York Times, El País y Al Jazeera entre otros. Más allá de los efectos negativos o positivos que puedan tener los archivos de WikiLeaks sobre los involucrados, este caso muestra a internet como aparato de contradominación. La innovación tecnológica a través del conocimiento abierto generó la posibilidad de superar las barreras de los oligopolios del software y del propio Estado, para poner ante la comunidad global un asunto que es esencial para el futuro de los derechos de cada uno de los habitantes del planeta.

 

Consideraciones finales

El Modo de Apropiación capitalista, como se puede apreciar, se inscribe en suficientes dimensiones para poder ser adscrito a una de ellas: como economía o política, quizá entre las más destacadas por su cercanía al poder. Sin embargo, la lectura de la Formación histórica contemporánea reitera el peso de la presencia de los procesos comunicativos que, habiendo constituido el substrato de los hechos sociales, actualmente gana en ubicuidad, de modo que el efecto de comunicación puede ser efectivamente postulado en la construcción y el ejercicio del poder en tanto instancia social. El asunto no cierra la agenda de estudios de comunicación, sino que abre un modo de interrogar los tiempos. Así, la economía de nueva generación pasa por las tecnologías del saber y su distribución, con todos sus afluentes: financiamiento, administración, diseño, mercadeo y consumo. El crecimiento de la escala introduce la comunicación. Otro tanto ocurre en el espacio de la política: su institucionalización, sus programas, su ejercicio y sus controles y contrapesos tienen en los sistemas de comunicación verticales y horizontales su punto de referencia. En muchos sentidos, la definición de lo público y lo privado para intereses económicos o políticos se articula desde las lógicas de los aparatos sociotécnicos, así como las subjetivaciones de formas y contenidos de comunicación.

            De todo ello puede derivarse que asistimos a un proceso de densificación permanente de lo social, consistente en buena parte en comunicación; tanto que, en aquello que no lo es, se deja enfocar como si lo fuese. La estructura social, como hemos expuesto, es un orden en permanente ejercicio o, desde otro énfasis, un devenir orgánico y acotado por principios. En cualquier caso, rechazamos la visión homeostática que toma su distancia de la perspectiva de los conflictos sociales que, por todas partes, mantienen el mundo social en estados límites y, eventualmente, de crisis. Hemos querido ofrecer una lectura tributaria a la constitución de la comunicología articulando la narrativa de procesos y configuraciones sociales desde la categoría comunicación. Por supuesto, no nos anima la intención de colocarla al centro de lo social, puesto que consideramos que tal centro no existe dada la complejidad y provisionalidad creciente de los arreglos con los que las formaciones sociales integran rasgos del modo de apropiación.

            Vale el esfuerzo observar que el ejercicio que hemos hecho aquí consiste en una apropiación tal que el capitalismo, regularmente abordado desde la economía política como objeto suyo, resulta ahora una subcategoría de la categoría comunicación. El aporte más valioso deberá consistir en la implantación de líneas de pensamiento de mayor espectro social para abordar problemas que derivan de la progresiva densificación material y simbólica. Finalizamos con esta afirmación: Donde comienza la irresolución de una crisis concreta es en una crisis de teoría.


 

 

 

 

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