EL CINE EN TAMPICO Y CIUDAD MADERO: EXHIBICIÓN, PROGRAMACIÓN Y CONTEXTO HISTÓRICO-SOCIAL EN 1942[1]

 Jorge Nieto Malpica

Universidad Autónoma de Tamaulipas, México

Alfonso Tello Iturbe

Universidad Autónoma de Tamaulipas, México

María Eugenia Rosas Rodríguez

Universidad Autónoma de Tamaulipas, México

Daniel Biltereyst

Universidad de Gante, Bélgica

 

 

Resumen

Este trabajo presenta un análisis de la exhibición de películas del año 1942, en la Cd. de Tampico y Madero, y su impacto. Inspirado en la perspectiva teórica de la Nueva Historia del Cine, el artículo discute la oferta de películas durante ese año en las salas de cine locales, así como su íntima relación con el contexto histórico y social. El trabajo forma parte del estudio que se realiza en Flandes, Bélgica por Daniel Biltereyst y Philippe Meers, desarrollado en otras ciudades de México[2] en el contexto de un país en desarrollo.

 

Palabras clave: Cine, contexto, salas de exhibición.

 

Abstract

This paper presents an analysis of the results of the exhibition of films from the year 1942, in the municipalities of Tampico and Ciudad Madero, Tamaulipas, Mexico, inspired by the theoretical perspective of the New Cinema History, the offer of films in the local cinemas, as well as its intimate relation with the historical and social context. The work is part of the study carried out in Flanders, Belgium by Daniel Biltereyst and Philippe Meers, developed in other cities of Mexico in the context of a developing country.

 

Keywords: cinema, context, showrooms.

 

 

El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel.

Alfred Hitchcock (1988-1980)

 

 


INTRODUCCIÓN

            La perspectiva teórica llamada Nueva Historia del Cine (New Cinema History, Maltby, Biltereyst, Meers) estudia la programación de películas y la experiencia social de asistir a las salas de cine, destaca el contexto en torno a las condiciones sociales, económicas, políticas e ideológicas, entre otras, que pretenden responder a los gustos y preferencias de la población manifestados a través de la asistencia a las salas de exhibición. Por tanto, identificar a las audiencias por grupos sociales y culturales, ofrece variados resultados que se pueden observar mediante el conocimiento de las características que identificaban las salas, las líneas históricas en el desarrollo de la exhibición cinematográfica (origen y género de películas), así como algunos patrones con base en la respuesta que ofrecía el público a los diferentes tipos de mensajes. Bajo esta perspectiva, parte el modelo de “consumo fílmico en contexto” al tener como objetivo principal la sistematización que permita alcanzar una reflexión más amplia acerca del cine, desde el punto de vista económico, político e ideológico (Meers, Biltereyst y Van de Vijver, 2008; Lozano, Biltereyst, Frankenberg, Meers, Hinojosa, 2012; Chong, Lozano, Meers y Biltereyst, 2015).

            Bajo este enfoque, para entender se requiere estudiar la historia del cine y su llegada a México, introduciendo de esta manera, un nuevo medio de aporte cultural y difusión ideológica en el que confluyen aspectos tan diversos como el contexto histórico, político y económico de la audiencia local y sus hábitos de consumo congruentes con la época, ya que la proyección de películas respondían al nivel sociocultural de diferentes tipos de consumidores (Meers, Luzón, Lozano, Biltereyst, Cabeza, 2014). Asimismo, se requiere estudiar cómo a través del tiempo, los edificios que albergaban las salas de exhibición se transforman para responder a la comodidad, condiciones climáticas y a la evolución de las diferentes actividades productivas y necesidades sociales.

            Los resultados obtenidos del estudio respecto al año 1942, integran la segunda etapa del proyecto Cultura de la pantalla: entre la ideología, la economía política y la experiencia. Un estudio del rol social de la exhibición cinematográfica y su consumo en la zona conurbana de Tampico, México, en interacción con la modernidad y la urbanización, como parte del proyecto realizado en Flandes, Bélgica por Daniel Biltereyst y Philippe Meers, desarrollado en otras ciudades de México en el contexto de un país en desarrollo. El análisis consiste en identificar la oferta de películas en las 12 salas localizadas en la zona sur del estado de Tamaulipas en dicho año, tomando en cuenta el origen de la producción, género, actores, título y frecuencia de exhibición en las salas de primera, segunda y tercera corridas.

            Se pretende analizar la cultura de la pantalla que se ha generado en la ciudad, como la inserción y su importancia en la cultura y en la vida cotidiana de sus habitantes.

La historia social de una región tiene una estrecha relación con la transformación histórica que la distingue debido a la llegada de extranjeros y constantes migraciones del campo a la ciudad, atraídos por la oferta de trabajo en sus principales actividades económicas, entre ellas las portuarias, lo que convierte a Tampico en un eje importante del comercio. Con la marcada afluencia de La Huasteca[3], la ciudad creció con matices culturales diversos que dieron paso a la formación y apropiación de una cultura e identidad particular características de una zona portuaria que abre sus puertas al mundo y da entrada a un marcado intercambio económico, social y cultural. Así pues, las salas de exhibición cinematográfica en Tampico y Ciudad Madero se reproducen con el fin de ofrecer mayor variedad de entretenimiento a una sociedad multicultural y dinámica.

            El estudio de la oferta y el consumo de cine por espectadores de diferentes generaciones a lo largo del tiempo, se complementa con un análisis de su desarrollo urbano y el proceso de modernización en ambas ciudades que enmarcan el auge, la transformación y el declive de los primeros cines  de la zona.

            A partir de la década de los noventa del siglo XX se registran e identifican una cantidad importante de estudios relacionados con tipos de espectadores y experiencias derivadas de su asiduidad al cine. Sin embargo, son muy escasos los registros bibliográficos sobre la exhibición y la programación históricas en las salas de cine en ciudades o regiones específicas del país (Lozano et al., 2012). La mayoría de las investigaciones realizadas desde la perspectiva de la Nueva Historia del Cine, enfocadas a la exhibición y/o programación, se han llevado a cabo en Estados Unidos, el Reino Unido, Bélgica y otros países europeos. En este sentido, en otras regiones del mundo con distintos contextos socioculturales, la exhibición de filmes y las experiencias de las audiencias podrían reflejar patrones y diferencias importantes.

            En México se requiere estudiar la relación directa con la economía política sobre el desarrollo histórico del cine mexicano, tanto como el control histórico de la distribución de cine por las majors norteamericanas, bajo el dominio de judíos que emigraron a los Estados Unidos.

           

EL CINE EN TAMPICO Y CIUDAD MADERO

            La ciudad de Tampico ha sido renombrado cinco veces hasta el año 1823: Tampico, San Luis de Tampico, Tampico Joya, Tampico Alto, y Villa Santa Anna de Tampico. Este último nació después de que pobladores de Altamira encabezados por el alcalde Don Juan de Villatoro mediaran ante el General Antonio López de Santa Anna para fundar un municipio a orillas del Río Pánuco. 

            Con Porfirio Díaz, Tampico alcanza su mayor desarrollo. Tras el incendio de la primera Aduana se decidió construir una nueva, y un puerto fluvial sobre el Pánuco. Para realizar esta importante obra vinieron de Europa técnicos, que dieron su fallo sobre el mejor lugar para construir el puerto. Según algunos historiadores, al considerar los desechos de las corrientes que el río arrastraba y depositaba en la margen izquierda, los técnicos dictaminaron que el puerto debía construirse en la margen contraria a Tampico, en terrenos del Estado de Veracruz, pero Porfirio Díaz, en colaboración con su segunda esposa Doña Carmen Romero Rubio y Castelló, tamaulipeca de nacimiento, tomó la decisión de ignorar el dictamen técnico y construye el puerto en la margen izquierda, perteneciente a Tampico.

            Tampico, Madero y Altamira han nacido de la mano. Algunos historiadores han dicho de esta zona que mientras Altamira es la madre, Tampico la hija, y Madero la nieta. Tampico, habitada por gente de diversas partes del mundo –españoles, ingleses, franceses, alemanes, holandeses, árabes, chinos, norteamericanos, etc.-, lograron establecer comunidades sociales propias capaces de generar riqueza (Nieto, 2015: 128-136).

            Durante 1942, en Tampico y Ciudad Madero, resalta la actividad portuaria, petrolera y desde luego comercial, factores detonantes del crecimiento de estos municipios como conglomerado urbano. Ambas ciudades se transformaron como consecuencia del impacto económico que generó la refinería Francisco I. Madero (1914) al abrir nuevas ofertas de trabajo, como resultado, se incrementaron actividades comerciales, sociales y culturales, así como las derivadas del comercio internacional por las actividades portuarias; asimismo, la producción de esta planta se incrementó con el ingreso de México a la Segunda Guerra Mundial como proveedor de petróleo. Para ese año, el casco de la ciudad se empezó a extender hacia la periferia que colindaba con Madero como resultado de la inmigración regional motivado por el boom petrolero. La población en Tampico ascendía a 82,475 habitantes, de los cuales 39,830 eran hombres y 42,645 mujeres; el casco histórico y las colonias recién incorporadas al mapa de la ciudad contaban con servicios básicos como agua potable, drenaje, pavimentación de calles y alumbrado público; Madero, contaba con una población de 28,075, de los cuales, 13,783 eran hombres y 14,292 mujeres, que desarrollaban nuevas colonias con la demanda de servicios básicos para albergar a quienes laboraban en la refinería.

            Las limitaciones establecidas con la margen izquierda del río Pánuco, el sistema lagunario, y el litoral, permitieron el crecimiento de los municipios hacia el norte del estado. Este crecimiento fue clave para la incorporación de tierras ejidales al territorio. Otro elemento determinante para el crecimiento y desarrollo económico, fue el tendido de las vías para el acceso del ferrocarril como un medio de transporte que conectaba la región con el resto del país, y traslado de mercancías, en colaboración con la actividad portuaria.

            Cómo lo citan Blanca Chong et al. (2015), en su investigación de Torreón, “los ferroviarios enganchaban a la máquina carros… y furgones… para llevarlos a otros destinos y regresar cargados de inmigrantes de diversos lugares del país, motivados por las oportunidades de trabajo ofertadas... sin asombro de nadie se hablaban en varios idiomas” (Orellana, 2005: 19), en nuestros días, se identifican apellidos, norteamericanos, rusos, españoles, árabes, chinos, ingleses, alemanes, entre otros de migrantes que llegaron y aportaron importantes conocimientos en la agricultura y servicios, en el territorio del sur del estado. El ferrocarril tuvo un importante impulso por las decisiones de Porfirio Díaz que respondía a intereses particulares personales.

            Desde sus inicios, Tampico y Ciudad Madero se destacaron por un desarrollo que los llevó a distinguirse como un polo comercial que distribuía productos procedentes del extranjero que se veía reflejado por la cantidad y calidad de los servicios comerciales ofrecidos que constituían elementos que garantizaban salarios atractivos.

            Al igual como en la ciudad de Torreón, referenciando a Chong et al. (2015), en los años finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, en Tampico y Madero no existían salas cinematográficas. Como resultado de la imagen cosmopolita que ofrecían, el cine en pequeñas carpas y calles de la ciudad durante cortas o prolongadas temporadas, para 1942 se había transformado y resultaba común identificar construcciones que les diferenciaban de otros negocios por ofrecer espectáculos a precios accesibles para la población, que sin ser de las características actuales y con serias limitaciones en sus instalaciones, satisfacían las exigencias de quienes buscan una diversión diferente (Aguilar, 2011; Morales, 2013).

            La construcción de establecimientos sociales, de diversión y espectáculos fue de gran trascendencia por la oportunidad que representó para la aparición de talentos como Roberto Cantoral, Chamín Correa, Mauricio Garcés, Genaro Salinas, entre otros que de la mano con el crecimiento la industria cultural propiciaron una mayor demanda de cines, teatros, carpas y plazas de toros de construcción rústica que con el tiempo mejorarían.

            En el año referido, los cines o salas de exhibición se localizaban en el centro histórico de Tampico y primer cuadro de Madero, y con el tiempo constituyeron un referente medular para el establecimiento de nuevas áreas poblacionales que conformaron las nuevas colonias. En Tampico se localizaban 10 salas:

El Cine Alcázar, de estilo morisco (árabe), sin clima, con dos secciones, luneta, frente a la pantalla con asientos metálicos y galería con asientos de tablones, ubicado frente a la Plaza de Armas a un lado de la Catedral, justo donde hoy se localiza una institución de Banca Serfin que no respetó la fachada original para la construcción de la sucursal.

El Cine-Teatro Isabel, ubicado en la esquina de Jazmines y Aduana, en su interior conservó características de la decoración del que fuera el Teatro Orrin, esto es, anatomía circular, disposición de butacas, escenario, casquete, y otros; asimismo, sirvió por muchos años además de las presentaciones cinematográficas, para obras de teatro, zarzuelas, funciones de boxeo, mítines políticos, bailes populares, conciertos y más eventos de similar naturaleza.

El Cine-Teatro Alhambra, construido a principio de 1920 y propiedad de Don Cesar Vigil, desde 1929 contó con las instalaciones que demandaba el naciente cine sonoro, aunque sus instalaciones no gozaron del gusto crítico de una parte de la población; se localizaba en la calle Salvador Díaz Mirón y tenía el atractivo de contar a la entrada con dos espejos, uno que reflejaba una figura muy alta y delgada, y la otra una baja y gruesa, lo que divertía a los niños; al dejar de funcionar, dio paso a la construcción del nuevo Casino Tampiqueño en la parte alta y la ampliación de la tienda departamental Sears en la parte baja.

El Cine Tampico, se estableció en el espacio que ocupa a la fecha el Diario Milenio, construido sobre el antiguo “Fuerte Mata” en la avenida Hidalgo.

El Cine Madrid, cuyo propietario fue Don Jacobo Granat quien a través de la sociedad Granat S.A., fungía como propietario de los cines Alcázar, Salón Alhambra y Teatro-Circo Isabel.

El Cine Princesa o Cine Encanto, propiedad de R. H. Heyers, inaugurado el 13 de julio de 1913 con un espectáculo a cargo de “110 artistas de la Compañía de Operetas Vienesas Hispanoamericana y de la emperatriz de la opereta Esperanza Iris”. A finales de 1930, pasó a ser propiedad de la empresa "Cadena de Oro", de diseño "muy clásico" con "columnas de mármol coronadas con estatuas griegas o romanas". Se localizaba en la calle Salvador Díaz Mirón, en lo que posteriormente fueron las oficinas de la sucursal del Banco Ganadero (Regalado, 2009).

El Cine Margot, localizado en la calle Altamira, entre Dr. Matienzo y Dr. Canseco, en el lugar que hoy ocupa Funerales Altamira.

El Cine Florida, ubicado en la Calle Obregón, entre Juárez y Aduana.

El Cine Palma, en la calle Díaz Mirón entre Aduana y César López de Lara.

El Cine Politeama muy recordado por no contar con techo, ubicado en aquel tiempo en parte de los espacios que hoy día ocupa el periódico El Sol de Tampico.

En Ciudad Madero, el Cine Rojo, inaugurado en 1942,  se localizaba en la calle de Obregón y 2 de Enero (hoy Niños Héroes).

El Cine Juárez, ubicado donde actualmente se encuentra el Mercado 18 de Marzo, en la calle Francisco I. Madero.

Todos ellos construidos en el primer cuadro de la ciudad, situación que pone de manifiesto la corta distancia unas de otras, pero que respondían a los gustos y preferencias de una población heterogénea.

            En estas salas resultaba muy común la exhibición de películas norteamericanas, mexicanas, argentinas, españolas, inglesas y colombianas, que correspondían a las migraciones de profesionales que formaban parte o se incorporaban a la industria petrolera y, por otra, con la demanda heterogénea de visitantes llegados a bordo de las embarcaciones que escalaban el puerto y que por el tipo de maniobras en aquellos años, significaban estadías hasta de 10 días en la ciudad, por lo que las tripulaciones identificaban entre otras de sus diversiones el asistir al cine[4].

            Poco a poco los cines se fueron clasificando por el tipo de películas exhibidas, precios de entrada y condiciones de infraestructura, abriendo opciones para la clase trabajadora de bajos ingresos, muchos de ellos procedentes de otros estados, del campo o lugares de La Huasteca. La solución de espacios habitacionales para ellos, resultaba limitada en el centro de la ciudad, ya que eran las áreas donde residían los comerciantes, autoridades, grupo de trabajadores con niveles de salarios altos y grupos sociales de abolengo, por lo que los recién llegados, buscaban establecerse en barrios populares o en las afueras de la ciudad, hoy la zona norte.

            En relación a la estrecha cercanía entre las diferentes salas de cine, se observa el mismo patrón detectado en ciudades norteamericanas y europeas, pero a diferencia de éstas, en las que los cines migraron de los centros históricos hacia la periferia junto con los ciudadanos de clase media y alta, en Tampico se continuaron construyendo en el centro original (casco histórico) o en el área expandida del mismo hasta la década de los sesenta (Lozano et al, 2012).

 

MÉTODO

Hay que decir que este estudio se realiza a partir del año de 1942, ya que no existen evidencia hemerográficas anteriores ni de otro tipo al alcance de quienes realizamos la investigación en la zona conurbana de Tampico[5]. Para el análisis se utilizó una base de datos común a todos los equipos que participan en el proyecto, elaborada por el equipo de investigación de Meers y Biltereyst, el diagnóstico de la oferta de películas se realizó mediante la consulta de las carteleras cinematográficas publicadas en el diario El Mundo, con el apoyo brindado por el personal al frente de la hemeroteca localizada en la Casa de la Cultura. La muestra, de acuerdo al proyecto original, incluyó el análisis exhaustivo de todos los sábados del año referido. Como ya se comentó, por no existir registro de publicaciones anteriores, no fue posible obtener información sobre los años previos, sin embargo esperamos subsanar la falta de esta información con las experiencias de vida recopiladas de personas adultas aficionadas al cine que viven en esta ciudad, y cuyos testimonios arrojarán una importante fuente de datos que permitirán correlacionarla con la industria del celuloide en los siguientes años.

            El trabajo de búsqueda contó con la participación de tres estudiantes de la licenciatura en Economía y Ciencias de la Comunicación y miembros del cuerpo académico[6]. Las variables más importantes incluidas en el análisis fueron: título de la película exhibida, actores principales, género, duración en pantalla, país de origen, año de producción, clasificación, sala de cine donde fue exhibida. Posteriormente, cada película incluida en la base de datos se buscó en la International Movie Data Base (IMDB) para corroborar los datos de su título original, procedencia, año de producción y actores principales.

 

RESULTADOS

            El predominio de los filmes de Hollywood en la ciudad se mantuvo hasta la década de los cincuenta, aunque es importante mencionar que respecto al año analizado, las principales salas cinematográficas exhibían tanto películas mexicanas como norteamericanas, atendiendo de esta manera la demanda de la población compuesta en su mayoría por personas migrantes de diferentes países entre los que destacaba Estados Unidos por su desempeño en la industria del petróleo. Sin embargo, durante la época de oro del cine en México los mexicanos, sin distinción de clase social, asistía a las salas para ver películas de producción nacional, que constituyeron un fenómeno de identificación y proximidad cultural. Películas en las que a través de sus escenarios, sus primeras figuras, su habla y su sentido del humor, ofrecían imágenes casi siempre de ambientes cordiales. En palabras de Monsiváis, era un cine de familia y de nacionalismo.

            Se identifican películas de la época con temas revolucionarios o de comedia, entre las que destacaban actores como Mario Moreno “Cantinflas”, Sara García, Arturo de Córdova, los hermanos Soler, entre otros; rodadas en sets con poco presupuesto o espacios al aire libre, como el campo mexicano o estudios como los Churubusco y Clasa, localizados en la Ciudad de México. Finalmente como películas no identificadas se registra un 5%, ya que los periódicos presentan un desgaste importante que evita obtener con claridad la información para determinar el origen de las filmaciones de este año.

En el siguiente cuadro, se presenta un desglose de las películas, exhibidas en 1942 en los principales cines de Tampico y Ciudad Madero.


Tabla 1: Número y porcentaje de películas exhibidas en los cines de Tampico y Ciudad Madero

por origen en el año de 1942

 

MES

E.U.A.

MEX.

ING.

FRA.

ARG.

ESP.

N.I.

COL

TOTAL

Enero

 

35

21

1

2

1

1

5

 

66

Febrero

 

31

15

 

 

 

2

3

 

51

Marzo

 

14

15

 

 

6

2

2

 

39

Abril

 

30

12

 

 

2

 

2

 

46

Mayo

 

6

2

 

 

1

 

1

 

10

Junio

 

8

2

 

 

1

1

 

 

12

Julio

 

14

5

 

 

2

2

2

 

25

Agosto

 

22

0

 

 

1

2

 

 

25

Septiembre

 

1

1

1

 

 

1

 

 

4

Octubre

 

3

11

 

 

1

1

2

1

19

Noviembre

 

0

0

 

 

 

0

0

 

0

Diciembre

 

5

14

 

 

2

2

 

 

23

Total

 

172

100

2

2

17

14

17

1

320

%

 

54%

31%

1%

1%

5%

3%

5%

0.2

100%

Fuente: Elaboración propia


Como puede observarse, las películas norteamericanos ocupan el primer lugar con un porcentaje del 54%, superando en 23% a las películas mexicanas exhibidas en las salas del puerto, que ascendieron al 31%, muy por encima de los filmes de España y Argentina, que representaron solamente el 5% del total, igualando a las películas, que dificultaron su identificación por no encontrarse los periódicos completos o con textos totalmente ilegibles.

            En relación con los films norteamericanos y el porcentaje que reflejan se evidencia el atractivo ejercido por películas rodadas en espacios con presupuestos elevados que garantizan films de calidad, que al exhibirse en salas del país, llenaban las expectativas de los asistentes motivados por los nombres de los principales actores. Esta demanda estaba representada por la población norteamericana radicada en la zona.

            Durante los meses de mayo, junio, septiembre y noviembre, las exhibiciones de películas en los cines bajaron considerablemente al exhibirse 20 películas. Esta baja en la oferta de películas está relacionada con el ingreso de México a la Segunda Guerra Mundial, ya que durante esta conflagración se registraron cortes de energía eléctrica que duraban horas dada la cercanía con la terminal marítima Madero y peligros potenciales de bombardeos a que estaba expuesta la ciudad, que obligaba a las autoridades a establecer toque de queda. La población apagaba sus luces a partir de una hora, debían pintar de negro sus ventanas y fanales de los coches, dejando una rendija para el paso de la luz y en la medida de lo posible, colocar gruesas cortinas en sus negocios y domicilios[7].

 

 

CONCLUSIÓN

            Como se ha mencionado, el auge de Tampico y Madero inició cuando la región en su conjunto vivió un fuerte impulso para penetrar en el ámbito nacional a través de las actividades petroleras, portuarias y comerciales. Por el tamaño de su población en 1942 y la suma de actividades económicas, representó un importante espacio para el desarrollo del cine, que capitalizaba migraciones, arribo de embarcaciones y el boom multicultural, para llevar a la población una forma de esparcimiento familiar demandada.  

En esta parte del trabajo, ubicada por la exhibición de películas durante el año de 1942 es conveniente tener en mente las condiciones contextuales que prevalecían a nivel mundial, ya que en el periodo de 1939 a 1945 se ubica la llamada época de oro del cine mexicano. Como parte de esta época, se recuerda la exhibición de la película, que internacionalizó al cine mexicano, “Allá en el rancho grande”, considerada como un melodrama ranchero (dirigida por Fernando de Fuentes), que fue de las primeras películas que recrea la vida en las haciendas y el campo mexicano, así como los valores y fiestas tradicionales como la boda, las ferias, etc. protaganizada por el llamado “rey del falsete” Tito Guizar. Entre sus merecimientos gana el premio internacional de fotografía, que se otorgó a Gabriel Figueroa, en Venecia en 1938, por otra parte, se consideró un film que beneficio a las películas de la llamada época de oro.

Cómo ha sido mencionado, los años dorados del cine mexicano, son ubicados en el periodo de 1939 a 1945, que coinciden con la Segunda Guerra Mundial, cuyos factores políticos y económicos influyeron en el desarrollo del cine mexicano. Conviene recordar, que el gobierno mexicano, tomó la decisión de participar en esta conflagración como consecuencia del hundimiento de las embarcaciones petroleras “Faja de Oro” y “Potrero del Llano”. Esta decisión tuvo impactos positivos en la industria del cine mexicano, ya que en Estados Unidos se provocó un desabasto de muchos productos necesarios en el cine norteamericano que dedicaba esfuerzos a la producción de armamento. De igual manera, los países europeos, participantes en el conflicto, también aminoraron la producción cinematográfica, para atender sus responsabilidades bélicas.

Como puede observarse, las condiciones internacionales favorecieron a la industria cinematográfica del país. Por ello en 1942, México compartía condiciones ventajosas en este terreno con España y Argentina, que se habían declarado neutrales durante el conflicto, aunque en la práctica mantuvieron vínculos con Alemania e Italia. Por su parte México, al alinearse con los Aliados, obtuvo beneficios que se tradujeron en facilidades para la obtención del suministro básico de película virgen, dinero para la producción y refacciones para el equipo.

La Segunda Guerra Mundial, también benefició al cine mexicano, ya que por la actividad bélica, se produjo una disminución de la competencia extranjera. Aunque Estados Unidos se mantuvo como líder de la producción cinematográfica mundial, muchos de los filmes realizados en ese país entre 1940 y 1945 reflejaban un interés por temas de guerra, ajenos al gusto mexicano.

El auge del cine mexicano favoreció el surgimiento de una nueva generación de directores entre los que destacaron: Emilio (El indio) Fernández, Julio Bracho, Roberto Gavaldón e Ismael Rodríguez, entre otros. Así como la consolidación de artistas mexicanos entre las que destacan María Félix, Mario Moreno "Cantinflas", Pedro Armendáriz, Andrea Palma, Jorge Negrete, Sara García, Fernando y Andrés Soler, Joaquín Pardavé, Arturo de Córdova, Dolores del Río, Pedro Infante entre otras figuras. Que reflejaban las vivencias de la población migrante del campo a las ciudades, el nacimiento de colonias proletarias en las periferias de la gran ciudad, donde predominaba la inseguridad y la insalubridad, por falta de servicios básicos, que en buena medida dieron paso a temas que fueron ampliamente tratados en la industria cinematográfica.

Las películas norteamericanas exhibidas en los cines de Tampico y Madero, permitió a la población conocer a figuras como Tyrone Power, John Wayne, Betty Field, Allan Jones, Grant Taylor,  Spencer Tracy, Gary Grant, Errol Flinn, Wayne Morris, Ann Rutherford,  James Ellison, Pat O'Brien, Betty Davis, etc., que reflejaban el glamour de Hollywood y que resultaban atractivas para el público de la zona, recién llegados procedentes del interior o bien de otros países, para laborar en las empresas petroleras.

            El cine ha estado presente en la vida de los habitantes del sur de Tamaulipas. La oferta de producciones fílmicas durante el año analizado, al igual que en el resto del país, reflejó el predominio del cine estadounidense cómo hasta la fecha viene sucediendo.

La exhibición del cine nacional en el período de 1942, aún cuando estamos en la denominada época de oro del cine mexicano (1939-1945), es mucho menor que las películas norteamericanas (172 contra 100), es decir un 31% de producciones de México contra un 54% de producciones de Estados Unidos.

Cabe hacer mención que la información que se está obteniendo en la investigación Cultura de la Pantalla de la exhibición del cine en Tampico y la zona conurbana dará pie a próximos artículos de investigación.


 

REFERENCIAS

Aguilar, B. (2011). Breviario histórico de las salas de cine en la Comarca Lagunera: de las carpas a los complejos múltiples. Acequias 55, p rimavera/verano. Recuperado de http://itzel.lag.uia.mx/publico/publicaciones/acequias/acequias55.pdf

 

Chong, B., Lozano, J., Meers, P. y Biltereyst, D. (2015). El cine en Torreón: exhibición y programación de 1922 a 1962. En Memorias XXVII AMIC 2015. Recuperado de http://amic2015.uaq.mx/docs/memorias/GI_03_PDF/GI_03_El_cine_en_Torreon.pdf

 

Lozano, J., Biltereyst, D., Frankenberg, L., Meers, P., y Hinojosa, L. (2012). Exhibición y programación cinematográfica en Monterrey, México de 1922 a 1962: un estudio de caso desde la perspectiva de la “Nueva Historia del Cine”. Global Media Journal México, 9(18), Pp. 73-94. Recuperado de http://www.gmjei.com/index.php/GMJ_EI/article/view/37

 

Meers, P., Biltereyst, D. y Van de Vijver, L. (2008). Lived experiences of the “Enlightened City” (1925-1975); a large scale oral history project on cinema-going in Flandes (Belgium). Illuminace: the journal of film theory, history and aesthetics, 20:1.

 

Meers, P., Luzón, V., Lozano, J. Biltereyst, D. y Cabeza, E. (2014). Metodologías de investigación para la “nueva historia del cine”, en Ubierna, F. y Sierra, J., (Coordinadores). Miscelánea sobre el entorno audiovisual 2014. Madrid: Fragua.

 

Morales, F. (2013). Las salas de cine antes de los palacios. La exhibición cinematográfica en la ciudad de México hacia finales de los años veinte. En Hinojosa, L. De la Vega, A. y Ruiz, T. (Coordinadores). El cine en las regiones de México. Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León. 

 

Nieto, M. J. (2015). La promoción audiovisual en Tamaulipas. Viabilidad de una Film Commission en Tampico. (Tesis doctoral inédita). Facultad de Ciencias de la Comunicación,  Universidad de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, España.

Orellana, L. (2005). Teatro Isauro Martínez. Patrimonio de los mexicanos. Torreón: Fineo.

 

Regalado, A. (2009). Nuevo Inventario: Historia de la Ciudad. El Sol de Tampico. Recuperado de www.oem.com.mx/esto/notas/n1388669.htm

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Los resultados analizan la oferta de películas durante 1942 en 12 cines, identificando algunos patrones y cambios posteriores en los contenidos disponibles para la comunidad como parte de la dinámica en las condiciones socioeconómicas de la población. El proyecto replica un estudio similar realizado en Flandes, Bélgica por Daniel Biltereyst (Universidad de Gante) y Philippe Meers (Universidad de Amberes).

[2] Monterrey, Torreón y Ciudad de México.

[3] La Huasteca es una zona limítrofe que abarca el sur de Tamaulipas, norte de Veracruz y este de San Luis Potosí.

[4] Comunicación personal de Roberto Gómez Anza, Gerente Aduanal.

[5] A reserva de que más adelante podamos obtener información de la Hemeroteca Nacional de México.

[6] Alejandra Herzberg, Alejandra Verduzco y Paola Vázquez (estudiantes) y Lidia Rangel Blanco, Elsa Leticia Alanís Ortíz y Madelyn Avila Vera (Cuerpo Académico Desarrollo Regional y Sustentabilidad de la Universidad Autónoma de Tamaulipas).

[7] Comunicación personal de Marco Antonio Flores, cronista de la ciudad de Tampico.